Propuesta Educativa 41
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Enseanza y evaluacin: dos caras de la misma moneda

Evaluación educativa: hacia la construcción de un espacio de aprendizaje

 


 
I. Evaluación educativa: una práctica conocida y un significado renovado
 
La evaluación es una actividad que siempre tuvo y tiene un lugar significativo en el espacio escolar. Existe un conjunto de dispositivos muy variados que se suponen desarrollados con propósitos de evaluación entre los que se pueden incluir: los exámenes y pruebas en sus versiones más conocidas, la presentación de trabajos monográficos por parte de los alumnos, el cuaderno de actuación de los docentes, una parte importante de las tareas que desempeña el supervisor escolar, las observaciones de clase por parte de los equipos directivos, etc. Todo esto supone acciones vinculadas a la evaluación. Sin embargo, cada una de ellas puede adquirir sentidos y dimensiones diferentes y, a su vez, desplegar consecuencias muy diversas. Entonces ¿de qué hablamos cuando hablamos de evaluación en el espacio del sistema educativo? y ¿más específicamente en el ámbito escolar?
 
En los últimos veinte años hemos asistido a la instalación de la problemática de la evaluación en el primer plano de la agenda educativa y con ello, a la expansión de las iniciativas evaluativas (en particular aquellas que son a gran escala), el desarrollo de investigaciones y producción bibliográfica específica, el surgimiento de perfiles profesionales especializados en el área y la inclusión de todo ello como objeto y sujeto de las políticas educativas. Esta misma situación la reflejó muy bien Ernest House (1993) en los Estados Unidos unos años antes cuando relata lo siguiente:
 
Cuando comencé mi carrera en evaluación hace más de veinticinco años, reuní todos los trabajos que pude encontrar en una pequeña caja de cartón en un rincón de mi despacho y los leí en un mes. Desde entonces, la evaluación ha pasado de ser una actividad marginal desarrollada a tiempo parcial por académicos a convertirse en una pequeña industria profesionalizada, con sus propias revistas, premios, reuniones, organizaciones y estándares” (House, 1993: 1).
 
Todo este desarrollo reciente, más tardío en América Latina, generó un conjunto de efectos diversos tales como: 
 
a. Promover la instalación de un discurso pedagógico que reconoce a la evaluación como un espacio de producción de insumos para los procesos de gestión asociados a la mejora de la calidad de la educación.
 
b. Generar una importante brecha entre este discurso pedagógico renovado y la práctica evaluativa concreta que tiene lugar en diferentes espacios del sistema educativo.
 
c. Abrir una serie de interrogantes conexos sobre qué es la calidad de la educación, y la necesidad de acotar la polisemia del concepto.

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  Año 27 / NOV / 2018.02
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