Propuesta Educativa 31
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Introducción

 


 

Este dossier está dedicado al trabajo de enseñar, en particular a las transformaciones socioculturales recientes y sus efectos sobre las identidades docentes. Transformaciones que ponen en cuestión muchas de las certezas que guiaron el trabajo de maestros y profesores por más de un siglo, haciendo tambalear la confianza depositada en las instituciones escolares. Así, en este número de la revista se abordará -desde distintas perspectivas y diversas geografías- el modo en que son interpelados los docentes por nuevos mecanismos de regulación, y cómo ellos se sitúan en ese proceso y significan el nuevo escenario. Cierto malestar, perplejidad e incertidumbre aquejan a los docentes repercutiendo en diferentes dimensiones de su tarea: en el vínculo con los estudiantes, en las relaciones con sus colegas y autoridades, en su vínculo con la cultura y el conocimiento, los nuevos saberes y tecnologías,en las formas de construir autoridad, en su posicionamiento ético y político, entre otras. Cuestionados, demandados, "desactualizados", deslegitimados, los docentes se encuentran en el centro de múltiples y contradictorias demandas sociales. Indagar los procesos que redefinen sus identidades y ponen en cuestión la que fue la matriz original del del docente es lo que orienta las discusiones de este dossier. El oficio docente se caracterizó por una fuerte regulación estatal desde los orígenes de los Estados Nacionales. Como es ampliamente conocido, los docentes a través de los sistemas educativos fueron portadores de un claro mandato fundacional: contribuir con la construcción de la Nación. Funcionarios del Estado y robots estatales son algunas de las formas que desde la producción específica han sido nombrados y que expresan esta fuerte regulación.

Así, en el marco del declive de las instituciones modernas como metanarrativas, no pareciera ser casual el aumento de preocupaciones por las identidades docentes. En efecto, asistimos a una proliferación de artículos y producciones en la literatura específica -sobre la cuestión del oficio, la identidad, los saberes, las trayectorias, sus diferentes perfiles, sus concepciones o representaciones- de los que surge la idea de crisis identitaria.

Si hasta hace unos años el debate político estaba subsumido por premisas técnicas, nos interesa repensar la complejidad de las identidades y las prácticas recuperando su dimensión política. La intención entonces es problematizar algunas de estas ideas con autores que vienen de tradiciones y perspectivas diferentes pensando la cuestión docente. Los cuatro artículos que componen el dossier, de distinto modo, complementan esa dimensión política con una dimensión histórica que toma como punto de partida la matriz tradicional para pensar las identidadesdocentes hoy. En el caso argentino, parece haber sido tan fuerte la huella de esta impronta fundacional al amparo estatal, que se hace difícil pensar las identidades sin este punto de referencia. La hipótesis central del artículo de Andrea Brito es que la identidad de los profesores de secundaria se encuentra en repliegue en relación con los valores originarios de su matriz fundacional. Frente a la desestabilización provocada por la intensidad de los cambios sociales y culturales, se produce un intento de restauración del viejo orden moral sumado a una concepción clásica del conocimiento,intentando así defender aquello que los definió históricamente como docentes. Por su parte, Silvia Finocchio analiza, desde una perspectiva histórica, cómo los docentes fueron inventados -como lo fue el sistema educativo moderno- a partir de distintos mandatos como agentes civilizatorios, como hacedores de la Nación y como sujetos amorosos y también, actualmente, como sujetos resignados, en el marco de las transformaciones ya señaladas y de la circulación de nuevos discursos que legitiman, entre otras cuestiones, una psicologización de la enseñanza.En esta misma dirección, Goodson y Norrie dan cuenta de lo que denominaron "conformidad resignada" como estrategia frente a las reformas educativas de las actuales identidades docentes. Estos autores exploran desde una mirada política las reformas educativas en la educación primaria en Inglaterra, y sus impactos en las identidades docentes. Periodizan en tres etapas las diferentes narrativas de política partiendo de los años 60 para llegar a pensar a los profesionales actuales como docentes redefinidos en  función de las nuevas propuestas políticas. Otra preocupación del dossier es sortear las miradas nostálgicas que piensan lo actual como crisis de lo que ya no es o como dice el tango "la nostalgia de haber sido y el dolor de ya no ser", que no sólo aparecen en las concepciones de los docentes acerca de su profesión, como se demuestra en la investigación de Brito, sino en muchos trabajos académicos. Justamente, el artículo de Patrick Rayou al abordar el relevo intergeneracional rescata las prácticasde los docentes noveles más pragmáticas y situacionales, diferenciándose de quienes les atribuyen la falta de los principios y valores universales -entre otras tantas faltas- propios de los antiguos docentes portadores del deber ser tradicional. Así, queda planteada la pregunta acerca de las diferencias entre las distintas generaciones y de qué modo ser parte de una nueva generación (que vive de otro modo las transformaciones sociales y culturales) facilita liberarse de aquel pesado mandato original. En este punto encontramos matices entre los autores, ya que, con excepción de Rayou, la pertenencia generacional no es una variable significativa para dar cuenta de diferencias en los posicionamientos docentes. Ahora bien, esto nos lleva a interrogarnos sobre la existencia o no de elementos comunes que puedan dar cuenta de la identidad docente, o bien sobre la multiplicidad de identidades.

Todos los trabajos -los que conforman este dossier y otras producciones recientes- nos advierten que ya no pareciera acertado continuar nombrando a los docentes como una categoría homogénea y con una cultura profesional común, sino que señalan discontinuidades y rupturas en el campo. Ya sea por la edad, por la diversidad de instituciones, por la fragmentación del sistema educativo, por las diferentes trayectorias y experiencias sociales y educativas, por el modo de servirse de los recursos y demás. Desestabilizado el rol docente tradicional pareceríadifícil afirmar que existe un cuerpo docente homogéneo. Efectivamente, preguntarnos qué es hoy un docente no es sencillo y obviamente no tiene una respuesta unívoca. Pero tampoco es una identidad totalmente estallada; es posible encontrar -¿aún?- elementos comunes: percepciones, preocupaciones y expectativas similares atraviesan a muchos docentes, más allá de las particularidades de sus escuelas. Ciertos aspectos identitarios no hansido totalmente erosionados, sino que siguen manteniendo aspectos comunes, algunos de los cuales se remontan al origen de la profesión y otros se vinculan con procesos más recientes situados en un sistema heterogéneo y fragmentado. Sólo a modo de ejemplo de estas continuidades, Goodson y Norrie señalan la evidencia de cierta cohesión de la profesión en Inglaterra en relación con el posicionamiento de los nuevos y los viejos docentes ante la reforma. El problema aquí es no confundir la fuerza de la matriz sobre la cual se sobreimprimieron otros modos de ser docentes, otros mandatos históricos, con la esencia misma del oficio docente. Pensar la identidad históricamente nos ayuda a distanciarnos de estas posiciones y dejar de mirar lo que hay como desvíos o alteraciones de aquello que supuestamente fue. Hablar de huellas del pasado, de indicios que siguen operando no es lo mismo que creer que el pasado es aquello que da cuenta de "la identidad "y el resto simples desviaciones.Sabemos que las identidades son móviles y cambian porque se construyen en relación: en relación con los otros, con los saberes puestos en juego, con las expectativas y demandas sociales, con los discursos oficiales, etcétera. En fin, se construyen en relación con un sinnúmero de interpelaciones que también se van modificando con el tiempo. Podemos observar cómo conviven y se entremezclan la tradición normalista, el funcionario de Estado, el técnico, cruzados con un discurso victimizante y el ethos de autoayuda, con nuevos miedos que operan sobre el oficio, con demandas y funciones de contención y asistencia y formas más flexibles de vincularse con su tarea, con la lógica de la rendición de cuentas y la necesidad de demostración constante de dominio de ciertas competencias, con la psicologización de la enseñanza y una suma de etcéteras.Lo que no es menos cierto es que la fuerza con la que aparece esa matriz original nos lleva a preguntarnos acerca de la eficacia simbólica del oficio y las dificultades que su agotamiento implica, para encontrar nuevas narrativas que permitan significar la tarea de enseñar.  

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  Año 27 / JUN / 2018.01
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