Propuesta Educativa 46
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Actualizaciones en neurociencia educacional

Introducción

 


 
Breve historia contemporánea de la neurociencia educacional (NE)
 
En la actualidad, la NE es considerada una subdisciplina de la ciencia básica de la neurociencia cognitiva (Bruer, 2016). Su objetivo general es elucidar qué estructuras y funciones neurales se asocian con los procesos de aprendizaje y enseñanza. En tal sentido, la NE puede contribuir con ideas acerca de cómo enriquecer tales procesos, pero no puede indicar aún al educador o al diseñador de políticas educativas cómo aplicar esas ideas en contextos educativos específicos (Howard-Jones y otros, 2016). Podría afirmarse que el valor de esta joven subdisciplina reside en cómo considerar el conocimiento sobre el funcionamiento cerebral en un contexto educativo, aunque es importante tener en cuenta que la caracterización de los correlatos neurales de las operaciones mentales per se -incluso de la plasticidad neural asociada con las intervenciones educativas- no provee una guía directa sobre cómo implementar las prácticas de enseñanza en clase (Gabrieli, 2016). Una parte importante de estas limitaciones reside en la distancia que se genera entre los marcos epistémicos de la neurociencia cognitiva y de la educación (Benarós y otros, 2010; Howard-Jones, 2011), las cuales son abordadas en las contribuciones de Bruer, Castorina y Terigi a este dossier.
 
Esta definición de la NE, corresponde a una construcción reciente que es producto de múltiples debates sobre las implicaciones educativas del conocimiento producido por la neurociencia cognitiva contemporánea. Una parte de esta historia corresponde a los esfuerzos legítimos de diferentes neurocientíficos por intentar construir propuestas interdisciplinarias genuinas, orientadas a contribuir con el enriquecimiento del diseño de prácticas de enseñanza a ser aplicadas en el aula. Los antecedentes históricos de estos esfuerzos pueden rastrearse hasta mediados del siglo pasado, cuando Donald Hebb planteó las primeras hipótesis acerca de la plasticidad y las posibilidades de cambio neural por intervenciones ambientales en modelos experimentales con animales (Hebb, 1949). Entre los años 1960 y 1980, a lo anterior se agregó el trabajo de diferentes grupos de investigación orientado a la integración de los modelos provenientes de la psicología cognitiva a la educación. Luego, entre los años 1980 y 1990 ocurrió algo similar con la neuropsicología, lo cual introdujo al debate el problema de utilizar modelos clínicos para analizar procesos normativos de aprendizaje y de enseñanza. En una medida considerable, las influencias de los abordajes clínicos que analizan trayectorias atípicas del desarrollo (e.g., dislexia, discalculia) aún persisten en algunos esfuerzos por integrar las disciplinas neurociencia y educación –lo cual puede acentuar más aún los riesgos que conllevan las propuestas epistémicas que reducen los fenómenos de aprendizaje al nivel neural (ver adelante), independientemente de la importancia de continuar con el diseño de estrategias específicas para poblaciones con necesidades específicas de aprendizaje (e.g., Butterworth et al., 2011).
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  Año 25 / NOV / 2016.02
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