Propuesta Educativa 27
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Con este número retomamos la edición de nuestra revista Propuesta Educativa que se publicó por primera vez en 1989 con la dirección de Cecilia Braslavsky, y que por motivos diversos no tuvo la continuidad deseada en los últimos tres años.

A pesar de las interrupciones y de los casi veinte años que han pasado desde su primer número, los propósitos de la revista siguen siendo los mismos: abrir (en aquella oportunidad) y recuperar (en ésta) un espacio que permita difundir y debatir los resultados de nuestras propias investigaciones y las de los colegas de otras instituciones nacionales y latinoamericanas; dar a conocer elaboraciones teóricas originadas en el país y en el extranjero; dialogar con figuras que hayan contribuido a realimentar las propuestas teóricas para la educación contemporánea. Claro que estos veinte años han dejado su huella: el editorial de aquel primer número señalaba con una certeza envidiable los caminos a seguir, a la vez que expresaba la intención de contribuir con el desarrollo de una nueva propuesta teórico-educativa.

En esta ocasión hemos perdido las certezas y no creemos que exista o que sea deseable la construcción de una propuesta teórico-educativa acabada. Tenemos una expectativa más modesta (porque, como dice el tango, de tanto caernos nos hemos vuelto discretos): intervenir activamente en un diálogo destinado a abordar viejas y nuevas cuestiones del campo educativo, aportando a una relectura de ellas y a la construcción de alternativas; acercar perspectivas diversas y, por sobre todo, generar un recurso útil para imaginar otros horizontes y posibilidades para la educación.

Sabemos que la situación del sistema es compleja, que la educación está atravesada por el cimbronazo del cambio cultural y la reestructuración social que sufrimos en los noventa; que las certezas que la teoría educativa construyó en el pasado han caducado, aunque sigan siendo rescatadas en numerosos discursos públicos. Este hecho que puede ser pensado y vivido como un estado de orfandad nos habilita a poner en cuestión tanto las verdades de la teoría como las seguridades del sentido común que en los últimos tiempos las remplazan.

Estamos más abiertos, somos más modestos, hemos acumulado saberes y experiencias y a pesar de ello tenemos menos certezas y más preguntas; sin embargo, mantenemos nuestra voluntad de trabajar a favor de un diálogo más fructífero entre cultura contemporánea y prácticas educativas, y con quienes desde diferentes posiciones tienen como referente la educación de nuestros niños y jóvenes. Principalmente, tenemos la expectativa de escuchar y de ser oídos.

Queremos estar presentes porque tenemos ideas que difundir, porque conocemos a otros y otras que también las tienen, porque hay muchas cosas que suceden en las escuelas y en el campo educativo que deben ser repensadas o pensadas por primera vez y queremos participar de ello y porque, si bien el futuro es incierto, nada de él nos es ajeno.

 

 

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  Año 27 / JUN / 2018.01
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