Propuesta Educativa 37
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La compleja trama de la problemática educativa

Desde las editoriales y los artículos de esta revista hemos venido marcando los límites que presenta la institucionalidad escolar moderna para procesar las exigencias que hoy se proyectan sobre ella. Hoy quisiéramos pasar revista a estos señalamientos porque en su conjunto conforman una compleja trama que alerta sobre las problemáticas que atraviesan los sistemas educativos en general y el nuestro en particular.


Planteamos en su momento la profundidad del cambio cultural acaecido en la última mitad de siglo y las asimetrías existentes con las referencias culturales que mantiene la escuela. En relación a lo que podríamos llamar la "cuestión cultural" esbozamos (al unísono con muchos otros colegas) sus diferentes aristas para marcar concretamente hasta qué punto la escuela era interpelada por estos cambios. Se señaló el impacto que tienen, sobre la constitución de las subjetividades y los modos de conocer, las actuales tecnologías de la comunicación y la actual ruptura y superación epistemológica de la lógica de parcelación del saber que constituye aún hoy el soporte del diseño curricular de la escuela.


Reflexionamos además sobre una organización del trabajo docente que se ha constituido en un límite a la hora de avanzar en la introducción de innovaciones fundamentalmente en el nivel medio de educación. Como todos sabemos, la expansión de nuestro sistema educativo que se extendió a lo largo del siglo pasado, pero que dio su gran salto en los años sesenta, generó una demanda docente que se procesó de un modo particular en nuestro país. La estrategia se construyó a través de: 1) una multiplicación poco regulada de instituciones de formación encargadas de reclutar nuevos docentes entre sectores también nuevos en el acceso a la educación post-primaria; 2) la conservación de una organización del trabajo que "ata" la designación de docentes (en el nivel medio) a la disciplina que dicta, siendo el seguro de permanencia de una organización curricular que se resiste a ser modificada; y 3) la sobre utilización del docente en ejercicio que tiene a su cargo una multiplicidad de horas de cátedra frente a alumnos que dicta en varias instituciones (hay jurisdicciones en las que la legislación autoriza tener más de 60 horas de cátedra por semana). Otros países han ido hace tiempo hacia designaciones por módulos o por cargos, que permiten una mayor presencia institucional y tiempo de trabajo para otras tareas tan valiosas como estar frente a alumnos (espacio de apoyo para los estudiantes, tareas con otros colegas, involucramiento en proyectos institucionales, planificación de clases, trabajo sobre la evaluación de aprendizajes).


Las exigencias que hoy se proyectan sobre la escuela provienen también de una sociedad que le demanda incluir al conjunto de la población en la educación, no solo primaria sino también de nivel secundario como modo de anclar y afiliar a una población que se escurre por los intersticios de una sociedad cuya malla institucional presenta rupturas y vacíos. Los diferentes países de la región han comenzado a introducir cambios en la organización escolar, para flexibilizar un formato escolar cuya rigidez y estandarización se ha constituido en un obstáculo para posibilitar la escolarización de grupos de origen socio-cultural muy diferente a los que supuso la escuela (elitista) en sus orígenes.


Con lo señalado hasta ahora hemos construido una problemática que podría conceptualizarse como las limitaciones de la institucionalidad escolar creada por la modernidad para sostener su función de incorporación e integración social de los diferentes sectores sociales y sus carencias para sostener su relevancia cultural en un contexto caracterizado por fuertes cambios en este campo.


Hay también una serie de fenómenos que se expresan en los modos en que esta institución se articula a su entorno, en el acontecer diario de las escuelas y en las problemáticas que los funcionarios deben enfrentar todos los días, que dan cuenta del agotamiento de la propuesta escolar moderna. Nombraremos aquellos que nos parecen más significativos.


El primero es el ya tan mentado proceso de fragmentación del sistema educativo que, a nuestro entender, está desandando el camino recorrido por la escuela moderna hacia la construcción de lo "público" como aquello que nos es común y que compartimos. La escuela moderna fue pensada e instrumentada como el escenario privilegiado para la conformación de lo público a través de una socialización y formación que nos permitiera reconocernos como integrantes de un mismo colectivo. La configuración fragmentada del sistema es un paso hacia atrás en relación a este propósito. Hoy asistimos a una negociación entre las escuelas y las diferentes comunidades que estas atienden, para definir el conjunto de valores, creencias, saberes y prácticas en las que se asentará la socialización escolar. De este modo, se constituye un mapa educativo que puede ser caracterizado como un agregado de espacios donde cada familia forma a sus hijos a su imagen y semejanza sin que exista muchas veces en esta formación, nada que exprese lo "común", lo compartido por el conjunto y, por tanto, se desdibuja aquello que merecería la adjetivación de "público". La emergencia muy incipiente de casos de familias que han retomado la antigua práctica de formar a sus hijos en el hogar, no es más que una manifestación extrema de este proceso de privatización que no se define por la dependencia de las instituciones, sino por la priorización de los imaginarios particulares sobre los comunes y abarcativos del conjunto de la sociedad.


Hay otra serie de fenómenos que dan cuenta del agotamiento de la institución moderna de educación. Algunos de ellos pueden sintetizarse en la constatación de que hay una clara huida de los actores principales del escenario escolar. Aumento de las tasas de abandono de los alumnos, altas tasas de rotación de los docentes, niveles altos de ausentismo tanto en los alumnos como en los docentes, bajos niveles de retención y de egreso, medicalización de alumnos y docentes para resistir el padecer diario, clases poco significativas en términos de la relevancia de los saberes que allí se ponen en juego y una caída importante en las matrículas de los profesorados que auguran, en algunas jurisdicciones, una disminución de los profesionales disponibles, que ya son escasos.


Lo más preocupante de este proceso es la creciente desigualdad de sus manifestaciones. Las escuelas que atienden a los sectores medios y altos de la población están desarrollando una doble estrategia para mantener a alumnos y docentes en su redil. Para los docentes se implementan todo tipo de incentivos que mejoran el sueldo, dan prestigio, construyen una carrera y proporcionan una comunidad de pertenencia; para los alumnos un variado menú de propuestas culturales y recreativas que matizan, hacen más atractivo y participativo el presente en las escuelas, alivianan el peso de la estructura curricular tradicional que, de cualquier manera, se procesa mejor con docentes motivados en su tarea.


En el circuito estatal el panorama es distinto, los chicos en muchos casos están sometidos a clases poco significativas, al tiempo muerto de las horas libres, a escasísimas actividades diseñadas con referencias culturales más amplias, a docentes poco motivados o movilizados por un sentimiento de condescendencia civilizatoria hacia los pobres. Por supuesto, siempre hay excepciones, muchas excepciones, pero este es el patrón general. En este caso, también la escuela ha perdido su condición de "pública" aunque sea de dependencia estatal. Lo que en este circuito sucede solo expresa lo que es "común" para los pobres, borrando también para ellos otras referencias sociales y culturales, solo aportada en el mejor de los casos por algunos docentes, por algunas iniciativas.


La dificultad para replantear la institucionalidad moderna es siempre la pérdida de la oportunidad de una construcción superadora y esta pérdida es siempre una opción que mantiene o profundiza la brecha de la desigualdad. No hay posibilidad de defensa de mayores niveles de justicia educativa y de la "condición pública de la escuela" si no aprovechamos la oportunidad de cambiar, considerando las favorables condiciones que habría para hacerlo: consensos acerca del agotamiento de esta forma escolar y una inversión inédita en materia educativa.  

 

 

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  Año 27 / JUN / 2018.01
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