Propuesta Educativa 44
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A lo largo del 2015 UNICEF junto con miembros del grupo Viernes de FLACSO, llevó adelante un programa de trabajo destinado a aportar al mejoramiento de la educación secundaria que incluyó la convocatoria a un diálogo con diferentes actores de la sociedad civil (especialistas, agentes del sistema educativo, formadores de opinión, políticos y asesores políticos, representantes de ONG's, estudiantes de este nivel educativo, integrantes de las oficinas de recursos humanos de las empresas y representantes de diferentes campos de la cultura) y la realización de un encuentro internacional donde se presentaron y discutieron experiencias realizadas en diferentes países que, a criterio de los organizadores, marcan un camino a seguir en la medida que avanzan en la construcción de alternativas para el aprendizaje de los jóvenes.
Aquí nos interesa marcar cuatro elementos que resultan de la lectura de las diferentes intervenciones que, por un lado, dan cuenta de las condiciones existentes para avanzar en la prometida transformación del nivel y, por otro, marcan una orientación posible para los cambios a realizar.

 

Los actores ante la posibilidad del cambio

A diferencia de las hipótesis que comunmente se sostienen y las responsabilidades que se les suelen atribuir a los agentes educativos -en el sentido de resistencia al cambio-, los agentes del sistema educativo (directores, inspectores, asesores y docentes) consideran que el nivel medio de educación requiere ser transformado y que el núcleo de la transformación debe estar centrado en las prácticas de enseñanza-aprendizaje, para lo cual se requiere trabajo en equipo de los miembros de la institución y condiciones laborales que lo permitan.
Los actores más reticentes al cambio resultaron ser los políticos (candidatos o funcionarios) y sus asesores. En estos casos, se apeló a una versión individualista, unilateral e incremental de las innovaciones a introducir. Se confía en mejorar la capacitación docente, en el impacto de las evaluaciones o del agregado de tiempo escolar mediante la extensión de la jornada. Nada que trasforme y mucho menos que amenace con modificar el equilibrio con los factores de poder instalados, que a esta altura son, fundamentalmente, los sindicatos docentes.

La palabra de los estudiantes

Los alumnos son en general actores sin voz, son muy pocas las investigaciones tanto académicas, como periodísticas o los consultores que se han abocado a recoger su opinión y darles presencia pública; sin embargo tienen mucho que decir en relación a la educación que reciben y sobre todo en relación a su experiencia de aprendizaje, objeto central de nuestras preocupaciones. Los jóvenes dicen textualmente:
-    Aprendemos cuando somos protagonistas y nuestros sentimientos son considerados, también cuando no es fijo el lugar de los profesores y los alumnos. Aprendemos cuando tenemos la oportunidad de dar clase a nuestros compañeros, al explicar a otros cómo hicimos, lo que logramos y al exponer las maneras en que podemos resolver diferentes cuestiones.
-    Las clases donde más se aprende son las que ofrecen un buen diálogo entre todos, las que tienen explicaciones y argumentos claros, las que representan otras formas de enseñar que resultan interesantes, las que son más integradoras y permiten conocernos con nuestros pares.
-    Se aprende más cuando trabajamos con nuestros pares y podemos debatir acerca de lo que cada uno comprendió y cómo lo hizo.

Las enseñanzas de las experiencias

Finalmente, de las experiencias presentadas y de aquellas que se han investigado en los últimos tiempos resultan, a nuestro criterio, dos grandes enseñanzas. La primera de ellas es que no es posible transformar con acciones en los márgenes, que la escuela tradicional se organizó a partir de una determinada concepción del conocimiento y una tecnología de época (el libro) en base a la cual se diseñó su arquitectura básica.
Un cambio con posibilidades transformadoras que haga de la escuela una institución acorde con las exigencias del mundo contemporáneo necesariamente debe abordar el corazón de esta institución, que no es otro que la concepción del conocimiento en la que se asienta, su renovación y el diseño organizativo que esta requiere. La arquitectura básica de estas experiencias es el trabajo por proyectos, los alumnos protagonistas en la construcción de sus aprendizajes, la presencia de los docentes como productores de los proyectos a través de un trabajo colectivo y del asesoramiento de los alumnos en clase.
La segunda enseñanza es que no se trata de escribir propuestas, de producir documentos, de capacitar a los docentes mediante cursos tradicionales sino, por el contrario, de armar una ingeniería, una nueva organización escolar que, como en la modernidad, se constituya en la arquitectura base de la escuela del futuro, sobre la cual se podrán introducir variaciones para atender a la heterogeneidad de situaciones que deben ser procesadas por la institución escolar.
Cuando hablamos de diferentes situaciones, no hacemos referencia a pobres o a ricos, a ilustrados o trabajadores manuales, a integrados o marginales. El cambio de paradigma porta la promesa de romper con estas divisiones que consolidó la escuela tradicional. Se trata de recuperar la posibilidad de una educación igualmente disponible para todos, a nivel de posibilidades reales y no de promesas incumplidas.
Habrán notado los lectores que aquello que dicen los alumnos que genera las mejores posibilidades de aprendizaje está en total coincidencia con las propuestas básicas de las experiencias que están delineando un nuevo paradigma educativo. Notarán también los lectores que los agentes del sistema son receptores de un cambio y que necesitamos que los actores políticos sean capaces de asumir este desafío y construir las condiciones políticas para avanzar en este sentido. 

 

 

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  Año 27 / JUN / 2018.01
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