Propuesta Educativa 45
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Por otra transposición didáctica. De la matriz de la ilustración a la tecnológica

A 200 años de la declaración de la independencia y más de 130 de la promulgación de la ley 1420 que dio el puntapié inicial de la educación moderna en la Argentina, la escuela está en crisis, y enfrentamos la obligación de construir una alternativa educativa para las nuevas generaciones. Ya hemos planteado muchas veces este tema desde este mismo espacio, y lo seguiremos planteando en la medida que evaluemos necesario llamar la atención sobre ello y hacer nuestra modesta contribución en relación a la orientación del cambio.

La escuela que instalamos a fines del siglo XIX fue una punta de lanza para la institucionalización de una sociedad moderna que se proponía organizar el orden social a partir del autocontrol de sus ciudadanos y abandonar así un sistema de obediencias basado en la imposición de la fuerza. No se trató solo de una institución para la disciplina sino que además construyó su identidad social a partir de transmitir a las nuevas generaciones la concepción del orden moderno y los saberes y valores a él asociados. Lo hizo en diálogo con las exigencias de su época y el desarrollo del saber y la tecnología del momento. El libro fue el soporte tecnológico de su tarea y fue éste el que impuso a la enseñanza su lógica lineal y secuencial.

A su vez, la concepción newtoniana del conocimiento según la cual hay un grupo de leyes universales e inalterables que gobiernan el mundo, que una vez descubiertas nos proporcionarían un saber único, universal y objetivo de nuestra realidad, fue y es el sustrato científico de la propuesta escolar. El enciclopedismo ilustrado que parcializó la producción y acceso al conocimiento a través de la separación de sus objetos específicos fue, y sigue siendo, la matriz que moldeó el curriculum escolar.

Con estas bases se realizó lo que los pedagogos denominan la "transposición didáctica" que no es otra cosa que la operación mediante la cual se transforma el saber de las disciplinas científicas en las materias que son enseñadas en la escuela, para lo cual se lo "secuencia" y se lo parcela para transformarlo en la planificación anual de los distintos grados o años en los que se distribuyen los alumnos.

Esta transposición importó un recorte determinado de aquellos saberes y conocimientos que la sociedad considera relevantes y adecuados para ser transmitidos a las nuevas generaciones. El recorte no solo dejó de lado lo que pasó a denominarse el saber vulgar o folclórico, sino que en su pretensión de unicidad, como ya se ha señalado hasta el hartazgo, vehiculizó las visiones hegemónicas y dejó afuera las alternativas. Sin embargo, no es sobre estas mutilaciones a lo que hoy queremos referirnos. Sino a otra mucho más significativa a la hora de identificar las causas de la desigualdad en las oportunidades educativas. Estamos haciendo referencia a la exclusión del proceso de producción del conocimiento del aula escolar. La escuela difunde un saber acabado, definitivo, cuya producción es ajena al docente y al alumno ya que ninguno de los dos participa de su elaboración.

Este último recorte transformó al saber escolar en una abstracción solo accesible para quienes provienen de sectores socio-culturales habituados a ellas, que a su vez se transmiten a partir de códigos socio-linguísticos que también son conocidos y frecuentados por los grupos más educados.

A partir de este razonamiento podemos concluir, en consonancia con numerosos sociólogos y lingüistas, que es el conocimiento que se imparte en la escuela la principal fuente de discriminación.

He aquí, que la cultura ilustrada que fue la matriz de esta primera transposición didáctica que tuvo como ideal un individuo capaz de acumular contenidos provenientes de diferentes disciplinas y transmitirlo a través de un código lingüístico complejo y adaptar su pensamiento a las reglas del racionalismo moderno, no es más el sujeto que requiere el mundo contemporáneo.

La erudición no es hoy un valor que cotice para el intercambio en la sociedad. Ese es un servicio que proporciona internet a todo el que lo requiera. Se necesita, en cambio, creatividad, capacidad de imaginar propuestas alternativas, poder solucionar problemas de la vida real, ser capaz de desarmar los conceptos y ponerlos a prueba a la luz de nuevos fenómenos de la realidad y rearmarlos o inventar otros; en definitiva, poder interactuar activamente en la incesante reinvención del mundo a la que estamos asistiendo.

Si esto es así precisamos otra transposición didáctica que mute la matriz ilustrada por una matriz tecnológica, no en su expresión técnica sino científica, en la que se incluye el proceso de producción del conocimiento y un objetivo que otorga sentido a todo el proceso. Una matriz tecnológica que articule proceso, producto y objetivo y que saque a la escuela del sin-sentido en que se ha convertido la transmisión de contenidos en abstracto, solo útiles para la aprobación de materias. Una nueva matriz, que desaloje para siempre la escisión entre teoría y práctica, entre conocimiento manual y abstracción erudita.

Quienes piensan hoy el cambio educativo tienen la oportunidad de obtener dos beneficios por el precio de uno: restituir a la escuela su relevancia cultural poniéndola a la altura de las exigencias de la sociedad actual y neutralizar la reproducción que hace hoy la escuela de las desigualdades sociales.

Esto ya se está haciendo exitosamente en otros países y lo podemos abordar con nuestros propios recursos haciendo las adecuaciones necesarias, no se necesita ser un país del primer mundo y tener una población socialmente homogénea para proporcionar a nuestros jóvenes este tipo de educación. Lo que se requiere es entender que todo ha cambiado, que el pasado no es nuestro futuro y sobre todo abandonar nuestro culto al esfuerzo disciplinador, y animarse a empoderar a los que vienen, pobres y ricos, a través de una educación accesible a todos y a la altura de nuestro tiempo.

 

 

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  Año 27 / JUN / 2018.01
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