Propuesta Educativa 46
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¿Qué sujetos nos proponemos fabricar a través de la escolarización?
 
En los años sesenta la película The Wall hacía su aporte a las críticas de la época a las instituciones de la sociedad burguesa como la familia, el matrimonio y la escuela, en una escena en la que se ve una fila de alumnos que va cayendo de a uno en la boca de una máquina de picar carne de la que salen hechos picadillo. Según la mirada de Pink Floyd la escuela transformaba a las individualidades en partes de un conjunto en el que era imposible distinguir quién era quién.
 
Por supuesto la metáfora de la picadora de carne también hacía alusión a una metodología cruel en el proceso de socialización con el que se lograba ese resultado. Si bien hoy la socialización en las escuelas tradicionales se ha modificado con la incorporación de metodologías de disciplinamiento mucho más sutiles e incruentas, el propósito escolar de borrar las diferencias y uniformar los sujetos que pasan por sus aulas, sigue vigente. Más allá de los discursos sobre el respeto a las diferencias, la escuela que hoy conocemos está organizada para generar subjetividades uniformemente adaptadas al orden que imperaba en la primera mitad del siglo pasado.
 
No está de más recordar que los educadores de hoy tienen que asumir el desafío de formar a las nuevas generaciones para interactuar en un mundo sobre cuya configuración y desarrollo poco conocemos. Debemos enseñar para vivir en una sociedad que no sabemos como será. En la sociedad actual los sujetos se conforman en la confluencia del accionar de numerosos agentes, algunos ellos con mayor efectividad que la propia escuela, como son las redes, los massmedia, los pares etarios, etc. A pesar de estas presencias, los niños y jóvenes siguen pasando buena parte de su jornada en la escuela y, de acuerdo a los resultados de investigaciones recientes, la valoran como un espacio de socialización con adultos y pares. De allí la importancia de considerar qué sujetos fabrican nuestras escuelas.
 
En un momento en que se están probando innovaciones y cambios en la educación escolarizada esta es una pregunta que a nuestro criterio debe estar presente: ¿qué sujetos se proponen formar estos renovados modelos escolares? Cada uno de ellos, con mayor o menor explicitación, tendrá un impacto en la conformación de las subjetividades. 
 
La pregunta es relevante desde el punto de vista de su compatibilidad con nuestra idiosincrasia, ya que toda sociedad a través de su historia adquiere determinados rasgos de identidad cultural que serán o no receptivos de las propuestas que portan los modelos escolares. Del mismo modo, es necesario interrogarse sobre si los sujetos que se proponen fabricar estas innovaciones estarán adecuadamente preparados para incorporarse a un mundo en permanente cambio, a una sociedad que se reconfigura continuamente. Por último, aunque no menos importante, cabe preguntarse sobre las referencias epistemológicas, culturales y tecnológicas de estas innovaciones. La escuela que adoptemos ¿seguirá referenciada en un saber parcializado en  diferentes disciplinas o habilitará el conocimiento complejo y los abordajes multidisciplinares? ¿Seguirá proponiendo el sacrificio como valor supremo o permitirá a nuestros niños y jóvenes gozar del placer de aprender? ¿Qué papel pedagógico le asignará a las nuevas tecnologías? ¿Las piensan como auxiliares de la clase del profesor o avanzan transformándolas en un medio para el acceso de la información y resolución de problemáticas concretas?
 
Los modelos que están en juego son varios pero en líneas generales podemos agruparlos en tres tipos. Los basados en la sistemática implementación de exámenes que piensan la escolarización como una carrera de obstáculos, donde avanzan los que mejores puntajes obtienen en las diferentes disciplinas. El modelo casi puro es el del sudeste asiático. Ante esto cabe preguntarse ¿qué compatibilidad existe entre nuestros rasgos culturales y los de los asiáticos? ¿Quiénes están dispuestos a transformar su vida y la de sus hijos en una preparación constante para los exámenes? ¿Quiénes piensan que esta expectativa de vida los hará más felices a ellos y a sus hijos? Y lo que es más importante aún ¿vale la pena? ¿Los exámenes preparan mejor para vivir en un mundo de incertidumbres? En una sociedad imprevisible ¿qué sujetos serán más aptos para construir un orden que les permita vivir con cierta felicidad: los preparados para la competencia permanente para definir quién es el mejor, o aquellos capaces de construir colaborativamente las soluciones que requerirán los cambios a los que estarán sometidos? ¿Es lo mismo el esfuerzo de construir el propio futuro en medio de una carrera de competencias o en la cooperación con otros que atraviesan el mismo desafío? ¿Es la acumulación de contenidos disciplinares lo que mejor prepara para navegar en un mundo incierto?
 
El otro modelo que está presente en las propuestas de innovación podría denominarse “tutelar”. En él la escolarización está permanentemente custodiada y tutelada por docentes que acompañan y refuerzan las instancias de aprendizaje para que los alumnos que tienen más dificultades puedan, aunque mas no sea, mantener su trayectoria escolar. La propuesta tutelar en general se piensa asociada a los sectores más vulnerables, o para decirlo sin eufemismos, para los chicos pobres, que dado el modelo pedagógico vigente cuentan con menos recursos culturales que el resto de los chicos. ¿Qué sujetos nos propone esta escolarización? No es difícil deducir que se trata de alguien que se piensa a sí mismo como incapaz de ser por sí mismo. Dados los procesos de individualización que atraviesa la sociedad contemporánea estos sujetos están condenados a construir lazos de dependencia y tutelaje para sostener su derrotero de vida. ¿Cómo se articula este modelo y estas subjetividades con nuestros rasgos culturales? Es evidente que aquí sí hay claras continuidades con la tradición de las tutelas políticas. Finalmente hay otro modelo que a su vez incluye dos alternativas que lo colocan en casilleros diferentes. Estamos haciendo alusión a aquellos que organizan el trabajo escolar alrededor del eje de la participación activa de los alumnos en la producción del conocimiento. En otras editoriales hemos planteado el concepto de matriz tecnológica, para marcar justamente una forma de escolarización por proyectos o resolución de problemas que se centra en el alumno. 
 
En este modelo se pueden distinguir dos tendencias diferentes, la llamada emprendedurismo que está referenciada en el mundo empresarial y se propone formar sujetos capaces de asumir por sí mismos un emprendimiento de este tipo. O propuestas más integrales que tienen por objetivo formar individuos capaces de diseñar por sí mismos un proyecto de vida y a través de los instrumentos cognitivos, actitudinales y emocionales adquiridos en la escuela, emprender su concreción.
 
¿Cuál de estos sujetos quisiéramos que fabrique nuestra escuela?

 

 

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  Año 25 / NOV / 2016.02
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