Propuesta Educativa 47
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Quiénes y desde dónde construyen el futuro de la educación

Hace ya muchos años la antropóloga Margaret Mead nos aportó el concepto de culturas prefigurativas para dar cuenta de la situación de una generación que debe construir su futuro sin el auxilio de la experiencia del pasado, porque lo que viene es radicalmente diferente a lo que era.

Quienes piensan, reflexionan y gestionan la educación están en esta condición pre-figurativa, tratando de construir para adelante pero teniendo que interactuar con lo ya instalado, que es una estructura que permanece y tiene voluntad y capacidad de frenar hasta la imaginación. Mucha gente, muchos intereses, muchos espacios, costumbres y hábitos arraigados en la mente de los expertos como un saber consolidado, en la de la población como un sentido común instalado, y en la de los funcionarios como un seguro de la gobernabilidad.

El cambio en educación es entonces un proceso difícil, complejo y colectivo, donde es importante que cada actor entienda qué lugar le corresponde ocupar y qué le toca hacer desde allí. En el campo de la gestión educativa confluyen muchos y muy heterogéneos actores que están adquiriendo un protagonismo antes inexistente y que enriquecen la escena con una pluralidad de iniciativas que aportan una interesante variedad de miradas, objetivos y perspectivas. Esta multiplicación de los actores ¿implica o no un nuevo reparto de responsabilidades y funciones? Sin duda sí. Lo importante es analizar qué traspasos y cambios se están haciendo y cuáles son las responsabilidades y funciones que son propias de cada uno de los actores y, por tanto, no pueden ser transferidas. Cuando decimos propias o específicas estamos planteando que la identidad de cada uno de esos actores se define en razón de la función que cumple en el campo y los cambios implican entonces una redefinición de las identidades. Sin la pretensión de ofrecer un diseño acabado, me propongo brindar un aporte en ese sentido, aunque más no sea para instalar la idea que si bien hoy el ámbito de la actividad pública es heterogéneo y allí confluye el accionar de distintas instituciones y actores, las funciones de cada uno de ellos son diferentes y ninguno puede sustituir al Estado. Estamos nosotros los académicos y expertos que reflexionamos sobre la educación y que tenemos, hoy más que nunca, que avanzar en las siguientes líneas de trabajo: una de ellas ya está presente en la agenda de muchos estudiosos y centros de investigación, que es la discusión sobre los límites de la escuela moderna que no puede seguir siendo estudiada en relación a problemáticas muy puntuales que son más que solo manifestaciones de la dificultad del hecho educativo en el contexto del mundo contemporáneo. Otro tema a abordar es la indagación, análisis y sistematización de las diferentes experiencias educativas que se están realizando en el mundo y la identificación de aquello que podríamos utilizar y adaptar a nuestro contexto. Finalmente, hay una tercera línea de trabajo, mucho menos frecuente, que tiene que ver con comprender y caracterizar la actual configuración del mundo cultural, social y laboral y cómo éste se proyecta hacia adelante, para poder pensar una educación para el futuro con autonomía de lo que siempre hemos hecho y pensado.

Las organizaciones de la sociedad civil interesadas por la educación son de los actores que están adquiriendo un protagonismo que antes no tenían. Estas instituciones están asumiendo la responsabilidad de construir propuestas y alternativas que experimentan en el terreno, las evalúan, y aportan una información valiosísima para avanzar en la transformación de los sistemas educativos. Otras instituciones de este tipo están acercando a la esfera nacional a los protagonistas de experiencias extranjeras, aportando de ese modo un recurso valiosísimo para aprender de ellos, para adelantar posibles problemas, para comprender los riesgos y las alternativas de superación.

Hay en el campo educativo un conjunto de experiencias piloto que en algunos casos son promovidas y gestionadas por los propios estados provinciales. Como ya hemos señalado en otras oportunidades en este mismo medio, la Argentina tiene una larga historia de experiencias piloto, muy interesantes, pero que jamás fueron universalizadas, a pesar de que en algunos casos las evaluaciones han marcado su valor. Es que estas iniciativas crean una situación de excepción donde se suspenden normas, rutinas y exigencias burocráticas, y son estas suspensiones las que posibilitan instalar lo nuevo, lo diferente. En ese espacio y para esa experiencia se crea una zona franca donde no rigen las reglas ni las estructuras burocráticas y/o corporativas que actúan como reaseguro de la reproducción de lo instituido y freno de lo que se pretende cambiar.

Son los gobiernos que operan el Estado los que tienen la enorme responsabilidad de remover estas estructuras, normativas, burocráticas y corporativas, que impiden la renovación, y generar una ingeniería organizativa, tanto a nivel del sistema como de las instituciones, que no solo permita instalar el cambio que hoy queremos realizar sino que actúe como una instalación promotora de la permanente renovación. En los últimos cuarenta años no hemos podido pasar de la experiencia piloto porque el Estado -y con esto nos referimos a los sucesivos elencos operadores del Estado-, no ha sido capaz de cumplir la función de renovar el aparato de gobierno y organización del campo educativo y sigue operando con la antigua estructura que le promete gobernabilidad a cambio de permanencia.

 

 

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  Año 25 / NOV / 2016.02
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