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Seminario Internacional 2007 IIPE-UNESCO Buenos Aires. Diversidad cultural, desigualdad social y estrategias de política educativa


 

La pregunta que organizó la temática del Seminario Internacional 2007 del IIPE - UNESCO, realizado en Buenos Aires los días 4 y 5 de octubre en el auditorio de la Fundación OSDE, fue la siguiente: ¿Cómo garantizar una culturacomún a través de los sistemas educativos en un contexto regional como el de América Latina, caracterizado, al mismo tiempo, por viejas y nuevas formas de diversidad cultural y por procesos de desigualdad profunda enla distribución de la riqueza y otros bienes simbólicos estratégicos? 

Ambas situaciones (diversidad cultural y desigualdad social) ponen en crisis el modelo escolar tradicional homogéneo y homogeneizador. Esta nueva complejidad de los sistemas de educación básica debe traducirse ennuevas políticas, tanto en relación con la socialización que hace posible la convivencia de las diferencias como con la definición del subconjunto de conocimientos que forman parte de la "cultura básica y común" del conjuntode los miembros de una sociedad.

En la conferencia inaugural, Danilo Martuccelli postuló la existencia de "tres mentiras" que dificultan una solución al dilema de la articulación entre particularismo y universalismo. La primera es la que considera que las culturas particulares son esencias únicas e incontaminadas, cuando una mirada atenta de la génesis y evolución de todas las culturas muestra que todas ellas son "omnívoras", en la medida en que contienen las huellas de otras culturas con las cuales conviven o interaccionan. Quizás como una manera de superar los eventuales fundamentalismos particularistas también existen culturas con pretensiones de universalidad, constituyendo lo que él llama la segunda mentira. En Occidente la ideología de la Razón reivindicó una superioridad que justificaba su imposición universal, incluso con la fuerza. Estos modos de considerar las configuraciones culturales llevan inevitablemente a una tercera mentira que legitima todos los conflictos y violencias interculturales e internacionales. Esta es la mentira que lleva apensar que "la guerra de los dioses" (o las civilizaciones) es inevitable. El argumento de Martuccelli desarma estas mentiras utilizando las armas de la historia y el análisis sociológico. Desde este punto de vista, las asimilaciones,la tendencia a la homogeneidad cultural, los diálogos y "préstamos interculturales" permiten entrever otro modo de ver la relación entre las culturas. La disolución sociológica de las grandes oposiciones interculturales se completa cuando la atención abandona el plano de los sistemas o grandes configuraciones culturales o nacionales y se ubica en la escala de los individuos. Es en este nivel donde se desarrollan las luchas por las autonomías y donde se originan los compromisos y acuerdos que permiten la convivencia de lo universal y lo particular.

La proliferación y legitimación creciente de los particularismos culturales y las desigualdades sociales complican la tarea de la escuela, institución fundada para homogeneizar y para reducir diversidades, tal como lo recordó Gimeno Sacristán en su intervención. A esto se agrega el fenómeno del debilitamiento de las instituciones y la tendencia a la autonomización creciente de los individuos. Según Sidicaro, la escuela que formaba al trabajador, al ciudadano, al soldado y al sujeto en general, se debilita ante la fuerza del proceso de individuación. Las dificultades del sistema escolar para cumplir con sus funciones tradicionales se manifiestan en el campo del sentido de la enseñanza de lahistoria, como lo señaló Fernando Devoto, al plantear que la historia como disciplina siempre tuvo que articular entre "servir a la Patria o servir a la verdad". Hoy la racionalidad política de la historia en el programa escolar, es decir, su función pedagógica de formar la identidad nacional, la pertenencia y la ciudadanía se debilita por varias razones.Entre ellas cabe mencionar el hecho de que la homogeneidad cultural, en la Argentina por ejemplo, ya no es un problema como lo era en el momento constitutivo del Estado Nación. Por otro lado, hay que reconocer que la cultura común ya no es un producto exclusivo de la acción pedagógica escolar, ya que tiene otras lógicas de constitución (los medios masivos de comunicación, los consumos culturales, etc.).

La cuestión de la diversidad cultural y la construcción de la cultura común también es un desafío en el campo de la enseñanza de las ciencias. El biólogo Alberto Kornblihtt mostró que también en el campo de las ciencias existen "guerras de civilizaciones", como por ejemplo la oposición entre el enfoque del "diseño inteligente" de la vida contralos descubrimientos del ADN sustentados en teorías y evidencias empíricas. Y es la misma biología contemporánea la que demuestra que la especie humana es genéticamente más homogénea de lo que creen todos aquellos que tienen interés en "naturalizar" diferencias de todo tipo.

El seminario dedicó también un espacio para la discusión del tema de la unidad y diversidad de la oferta escolar, en especial, en el nivel medio. Por un lado, Aaron Benavot abordó dicho tema desde la perspectiva del análisis de las propuestas curriculares. Por otro lado, tanto el portugués Joaquim de Azevedo como el mexicano Carlos Ornelas, desarrollaron las implicaciones institucionales de la extensión de laobligatoriedad y la ampliación de las coberturas en el nivel medio. En este sentido reconocieron que es necesario el diseño de una oferta educativa ordenada, que dé lugar a la diferencia de intereses y aspiraciones así como de demandas sociales y al mismo tiempo evitar las trampas de la desigualdad.

Juan Carlos Tedesco, a partir de estos nuevos escenarios, recuerda que es preciso responder a la pregunta de qué es lo que se quiere transmitir en la escuela común y obligatoria. Frente al individualismo asocial que niega la existencia de algo parecido al Bien Común, la escuela encuentra su fuente de legitimidad en la necesidad de contribuir a la construcción de una sociedad justa. Para ello es preciso que el programa escolar contrarreste varias tendencias culturales contemporáneas, tales como la concentración de la atención y el interés en el tiempo presente, la "privatización" de grandes decisiones por fuera de las instituciones democráticas de los estados nacionales y el dominio del inmanentismo, que dejan poco lugar para las utopías y proyectos trascendentes.Para orientar el desarrollo de la sociedad hacia objetivos se precisa un proyecto colectivo donde la justicia ocupa un lugar central. Es en este proyecto donde la escuela y la enseñanza de la lengua, las ciencias, la ética y los valores cumplen una función fundamental.

En ocasión del cierre del seminario, la intervención de Margarita Poggi, Directora del IIPE/UNESCO en Buenos Aires, sostuvo la necesidad de articular, en América Latina, la perspectiva distributiva con la del reconocimiento de las diferencias entre grupos o individuos. Ambas desigualdades se presentan en forma superpuesta, lo cual hace más complejo el diseño de una estrategia de política educativa capaz de contribuir a la construcción de una sociedad diversa y al mismo tiempo con justicia y reconocimiento para todos sus grupos constitutivos.También señaló que, en términos de diseños institucionales para el nivel medio se encuentra aún presente la necesidad de superar la oposición entre cultura práctica/útil y cultura abstracta/desinteresada y su jerarquización en términos de valor social. 

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  Año 27 / NOV / 2018.02
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