ISSN 1995 - 7785 | Año 29 | Noviembre 2020 | Vol. 2

Relato. Repensando la escuela. Una experiencia pedagógica en primera persona

Gabriela Miasnik
Rectora del Instituto Dr. Dalmacio Vélez Sarsfield

El 17 de marzo de 2020 aquella cómoda normalidad a la que estábamos acostumbrados se modificó y tal vez para siempre.
Las aulas recién pintadas con pizarras a estrenar quedaron esperándonos vacías…
El Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO) decretado por el Poder Ejecutivo Nacional también llegó a la escuela y con él muchas sensaciones, emociones y preguntas comenzaron a rondarnos: ¿Cuál va a ser la duración?, ¿cómo vamos a atender las particularidades de cada estudiante y su familia?, ¿cómo se sienten nuestros docentes?, ¿cuáles son las posibilidades tecnológicas de los miembros de la comunidad?, ¿cómo resignificar el aprendizaje?, entre otras.
Los estudiantes también expresaron diferentes emociones, estados: enojo, angustia, resistencia, motivación, ganas de volver a la escuela, sentimientos de pérdida, valoración del aprendizaje autónomo, entre otros.
La incertidumbre fue llevándonos a tomar decisiones y gestionar, trazando líneas y acciones claras de trabajo, que con el correr del tiempo fueron modificándose y adaptándose según las circunstancias:
Generamos canales de diálogo y escucha activa. Abrimos espacios de tutoría con profesores y preceptores a cargo de cada grupo/curso que permitió a los estudiantes expresar sus emociones y a los docentes acompañarlos en sus trayectorias escolares y abordar la cotidianeidad. Se priorizó el trabajo individualizado con cada estudiante, favoreciendo los vínculos.
Comenzamos a enviar informaciones periódicas a los estudiantes y sus familias, priorizando la comunicación, con notificaciones vía mail, y encuentros virtuales (reuniones y entrevistas) favoreciendo el dialogo. Se trabajó sobre las propuestas pedagógicas, agenda educativa y modalidades, para facilitar la organización de cada familia.
Utilizamos el “entorno digital” creando aulas virtuales, por materia, con materiales y actividades planificadas por cada docente. Se utilizaron videos explicativos, audios, presentaciones, textos, consignas.
Paulatinamente se incorporaron encuentros virtuales sincrónicos para favorecer el aprendizaje y generar nuevas formas de vincularse, usando el espacio virtual con diferentes metodologías.
Reformulamos el acompañamiento y la evaluación del proceso de enseñanza y de aprendizaje. En función de las nuevas resoluciones de la DGEGP, se modificaron los criterios, indicadores y escalas de avance de los aprendizajes. El equipo directivo, en acuerdo con las/os docentes, armó el formato para todo el nivel secundario. Se capacitó a todo el personal en evaluación formativa, fue compartido con estudiantes y familias.
Generamos encuentros periódicos con el plantel docente. El compromiso con el rol, la responsabilidad con la tarea, la creatividad y la adaptación al cambio fueron los pilares que emergieron en cada uno de los profesionales del instituto, buscando las estrategias didácticas más significativas en función de los estudiantes y sus posibilidades.
Se reconfiguraron las nociones de espacio, tiempo, vínculo y aprendizaje. Nuestras casas se transformaron: aparecieron pizarrones, marcadores de colores, carteles pegados en las paredes, etc. Los mensajes de mails y wassap, las consultas por classroom, las correcciones, los llamados telefónicos llegaban en diferentes momentos. No hay hora de finalización de la jornada laboral.
Priorizamos la presencialidad, articulando con la virtualidad. Con el propósito de revincular a estudiantes con la escuela y de acompañar las trayectorias de aquellos que inician o finalizan el nivel, alumnas/os de primero y quinto año, divididos en pequeños grupos, retomaron las clases presenciales. Las actividades que se organizaron fueron lúdicas y socioeducativas en el año 2020.
En este camino fueron apareciendo algunos términos que nos interpelaron: continuidad pedagógica, protocolos, indicadores, oportunidad, cambio, tecnología, burbujas, caso sospechoso…
La pandemia aceleró los cambios que el Sistema Educativo pensaba; algunos de ellos se consideraban necesarios pero se postergaban por razones coyunturales y/o porque se esperaba el mejor momento para realizarlos.
Los estudiantes y docentes comenzaron a utilizar otras habilidades y se replantearon contenidos. Se pusieron en discusión y se modificaron dinámicas y metodologías pedagógicas del proceso de enseñanza y de aprendizaje. 
Lo cierto es que no todo el sistema educativo (escuela, docentes, comunidades, instituciones en general) estaba preparado para estos cambios tan drásticos y profundos.
La escasez de recursos y de formación tecnológica y pedagógica marcó diferencias educativas significativas quedando en evidencia las contradicciones y desigualdades del Sistema Educativo y de un entramado social desigual e injusto.
El 2021 nos encontró alertas, con experiencias pedagógicas significativas, con incertidumbres, nuevos desafíos, protocolos y normas.
Sostenemos la bimodalidad, tratando de alternar espacios presenciales y virtuales, armando grupos y burbujas, respetando nuevos protocolos, seleccionando contenidos, creando nuevas estrategias pedagógico-didácticas, generando espacios de aprendizajes valiosos y relevantes, aislando docentes y estudiantes y manteniendo una comunicación fluida entre familia y escuela.
Hoy cabe preguntarse: ¿Qué permanecerá a partir de lo realizado?, ¿cuál va a ser el formato/modalidad que nos espera?, ¿cuál será el rol de la escuela en esta nueva etapa?
¿Educación virtual vs presencialidad?
La escuela que dejamos seguramente no va a ser la misma y nosotras/os tampoco.

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