ISSN 1995 - 7785 | Año 29 | Junio 2020 | Vol. 1

Editorial

Las revelaciones de la pandemia


En los últimos meses hemos asistido a numerosas presentaciones, intercambios y opiniones sobre el tema educativo. Casi todas las organizaciones, universidades, centros de investigación, ONG y por supuesto gobiernos han participado enriqueciendo el debate y proporcionándonos un material muy interesante para el análisis y reflexión. En esta editorial nos proponemos destacar aquello que a nuestro criterio merece mayor atención, pero por supuesto habrá quienes hagan otras marcaciones.
Elegimos para comenzar un punto sobre el cual creemos hay consenso generalizado, que es el de la permanencia de la desigualdad educativa y para ello rescato la reflexión de Renato Opertti en el diálogo realizado por nuestra institución. Según sus palabras las estrategias destinadas a superar la desigualdad educativa, implementadas por los diferentes gobiernos, sea cual sea su signo político, han fracasado. No es posible entonces repetir políticas y pensar que esta vez darán resultados positivos. Hay que reinventar las propuestas pedagógicas destinadas a acortar la brecha educativa que se construye sobre la base de las distancias sociales. Existe la tremenda posibilidad de hacerlo a la luz de un mundo que ha cambiado y genera nuevas posibilidades y riesgos que hay que evitar. Entre estos últimos se nos ocurre que el más peligroso es el de seguir pensando a los pobres desde los valores del “pobrismo” que asociado a las pedagogías “compasivas” reproducen al infinito las desventajas del origen.
La otra temática muy frecuentada en los análisis es la incorporación que las escuelas hicieron y hacen de las nuevas tecnologías de la comunicación, para mantener el vínculo con los alumnos y procurar sostener un ritmo de aprendizaje a pesar del confinamiento que todos sufrimos. Mas allá de las diferentes valoraciones de la efectividad de los aprendizajes a distancia, es indiscutible que, cuando las condiciones materiales y técnicas lo posibilitaron, la incorporación de las nuevas tecnologías se realizó con relativo éxito. Claro que como ya se señaló en varias oportunidades, incorporar los instrumentos y los programas que estos nos ofrecen, no significa que las escuelas hayan iniciado un diálogo con la cultura digital. Lo han hecho sí, con la tecnología que le es propia, pero hay mucho para hacer para poder cambiar los modos de conocer y relacionarse con el saber que propone la cultura digital. Estamos usando los instrumentos que nos dan acceso a esa cultura pero no sabemos aún cómo explorarla. Esto marca un desafío muy grande para la formación y capacitación docente. Estamos en la puerta pero aún no entramos.
Hay un tema que resulta muy interesante analizar en las diferentes intervenciones aunque en muy pocas ocasiones fue directamente abordado. Estamos haciendo referencia al tratamiento del futuro. A algunos la pandemia los ubicó de golpe en un mundo que hasta ahora era solo una ideación de futuro. Un cuento futurista que se podía ignorar. Sorprendentemente, los más descolocados son los académicos dotados de una importante mochila conceptual con la que organizaban el mundo que ahora se les revela como incapaz de dar cuenta de la realidad que están viviendo.
Hay otros para los cuales el futuro se limita a imaginar el día después de la pandemia y solo piensan en la organización de la vuelta a clase y en el retorno a las rutinas anteriores.
Desde nuestra perspectiva la pandemia marcó con resaltador una configuración del mundo, que aún no se nos había hecho evidente. Vemos ahora que nuestro presente está ya configurado por la cultura digital y por lo tanto estamos viviendo un presente ya preñado de futuro. Si bien hay incertidumbre tenemos ya un adelanto de las tendencias que se vienen. De ahora en más estamos participando de la construcción del futuro de nuestra educación, o lo hacemos de forma activa y con el propósito de obtener beneficios, o participamos como espectadores inactivos y entonces nos quedaremos al margen del movimiento de la historia.
Si nos ubicamos en esta perspectiva podríamos pensar que muchos de nuestros clásicos problemas educativos (repitencia, deserción, escasos aprendizajes, baja motivación de los alumnos y docentes) podrían repensarse desde las posibilidades pedagógicas que habilita esta nueva configuración cultural. Otros, no menos importantes, como la falta de recursos económicos y humanos adecuados, se agrandan ante la nueva realidad.
En definitiva queremos decir que el futuro es ineludible, que nuestros jóvenes y niños merecen una oportunidad para construir su camino y que buena parte de esto depende de cómo las instituciones educativas a las que asisten los provean de los instrumentos adecuados para esa travesía.

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