ISSN 1995 - 7785 | Año 34 | Noviembre 2025 | Vol. 2

Entrevista

Discontinuidad cosmovisional, epistemología pos-logos, desafección social. Claves para tender puentes entre la escuela y las formas de vida tecnológicas. Entrevista a Fernando Peirone

Verónica Tobeña
FLACSO, Sede Argentina

Guillermina Tiramonti
FLACSO, Sede Argentina

Fernando Peirone publicó en el 2024 El fin de la escritura: efectos culturales y políticos de la sociedad pos-logos (Buenos Aires: FCE). Allí propone una tesis imposible de ignorar para quienes nos interesa la escuela como tecnología de transmisión cultural: La escritura ya no es el centro, su estatus ha cambiado frente a las narrativas mediáticas que dominan el mundoambiente digital en el que transcurre nuestra vida. ¿Qué desplazamientos conlleva este lugar ex-céntrico de la escritura? ¿Reside aquí el germen de la incomunicación/incomprensión intergeneracional que estamos experimentando actualmente? ¿Cómo tender puentes?  

Guillermina: ¿Podrías reconstruir cómo fue el proceso que te llevó a la tesis del fin de la escritura que presentás en tu último libro? ¿Qué evidencias fuiste encontrando que te llevaron a que tome consistencia esta idea de la “sociedad pos-logos”?  

Fernando: En realidad fue a partir de una serie de experiencias como docente, pero también como padre, amigo y testigo de una época de grandes cambios. Lo primero que empecé a comprobar en la práctica docente fue que los recursos expositivos y argumentativos heredados de la Ilustración ya no seducían a mis estudiantes. No hablo de las dificultades clásicas que siempre tuvo la práctica de la enseñanza. Me refiero a formatos expositivos, a dinámicas, contenidos y suficiencias del conocimiento enciclopédico que ya no seducían, no apasionaban y empezaban a ser deficitarios. Al mismo tiempo, veía que la práctica de la lectura se fragmentaba, en muchos casos con la anuencia de la academia, y que la escritura perdía su dominancia frente a la narrativa audiovisual y la gramática hipertextual. Eso era acompañado por el surgimiento de una brecha experiencial y cultural con los más jóvenes que se hacía cada vez más evidente, no sólo en la remoción del lenguaje formal, sino también en el desarrollo de saberes alternativos. Saberes que estaban vinculados a las tecnologías y que, como decía Jesús Martín-Barbero, con quien pude conversar estos temas, comenzaban a tener un tipo de circulación y una entidad epistémica que pasaba muy por debajo del radar institucional, a pesar de su relevancia social y de su riqueza aplicativa. Era como si los más jóvenes se estuvieran desafectando de una modernidad que no podía construir sentido válido y efectivo para el mundo socio-técnico al que se estaban incorporando sin el acompañamiento institucional ni la contención socio-emocional que habían tenido las generaciones anteriores. Entonces empecé a buscar maneras de abordar y comprender esos emergentes sociales que en cierto modo se desclasificaban de lo sociológicamente reconocible. Algo de eso trabajé en el libro Mundo extenso. Ensayo sobre la mutación política global (FCE, 2012)


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