ISSN 1995 - 7785 | Año 29 | Noviembre 2020 | Vol. 2

Selva artificial o cómo desenfocar el lente

Nicolás Garayalde
Sandrone, Darío
Selva artificial. La vida entre las máquinas. Córdoba: UNC, 2019, 290 pp.

Quizás uno de los atributos de nuestro tiempo sea la propensión al olvido. Pero no debería sorprendernos, pues uno de los avatares del olvido es el hábito. Y el hábito es proporcional a la velocidad del cambio. Cuanto mayor el cambio, tanto más veloz el hábito, porque nuestra capacidad adaptativa es inconmensurable. Esto sucede en todos los ámbitos de nuestra cotidianeidad: con las tragedias sociales que nos rodean a diario, con las maravillas de nuestra cultura tecnificada, con el lenguaje que usamos para hablar. El problema del hábito es la naturalización: cuando dejamos de prestar atención a los elementos que tejen nuestra cultura, nos olvidamos que son el producto de una historia y caemos en la ingenua concepción de que están allí por naturaleza. En otras palabras: dejamos de cuestionarlas y sucumbimos a una suerte de pasividad apática. No es casual, por ello, que el impacto de la sobreinformación de los grandes medios de comunicación haya llevado a Paul Lazarsfeld y Robert Merton (2004) a acuñar el concepto de disfunción narcotizante para describir, precisamente, la apatía de los receptores ante la exuberancia mediática que naturaliza los problemas sociales. No es casual, tampoco, que los formalistas rusos de principios del siglo XX hayan insistido en que los procedimientos característicos de la literatura son la singularización y la desautomatización; es decir, la capacidad de hacernos ver las cosas que hemos naturalizado (y automatizado) como si las viésemos por primera vez: “para sentir los objetos, para percibir que la piedra es piedra –decía Shklovski– existe eso que se llama arte” (1978: 60).

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